08/01/2018
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El Procedimiento Administrativo en España: Una Historia de Garantías y Eficiencia
- Orígenes del Procedimiento Administrativo: Entre el Tradicionalismo y la Modernidad
- La Codificación del Procedimiento Administrativo: La Ley Azcárate de 1889
- El Procedimiento Administrativo en la Actualidad: Entre la Tradición y la Innovación
- El Futuro del Procedimiento Administrativo: Hacia una Administración Más Ágil y Transparente
El Procedimiento Administrativo en España: Una Historia de Garantías y Eficiencia
El procedimiento administrativo, esa serie de trámites y requisitos que rigen la actuación de la Administración Pública, no nació de la noche a la mañana. Es el resultado de una larga evolución histórica que en España ha estado marcada por la búsqueda de un equilibrio entre la eficiencia del Estado y la protección de los derechos ciudadanos. A diferencia de otros países europeos, donde la construcción del Estado administrativo se basó en una visión expeditiva del poder, en España se fue desarrollando una cultura del procedimiento administrativo, que se consolidó con la Ley de bases de 1889, precursora de la actual Ley de Procedimiento Administrativo Común.
Orígenes del Procedimiento Administrativo: Entre el Tradicionalismo y la Modernidad
Para entender los orígenes del procedimiento administrativo en España, hay que remontarse al Antiguo Régimen, donde la visión jurisdiccional del poder, el “estrépito de juicio”, impregnaba todas las esferas de la vida pública. La transición hacia el Estado liberal no supuso una ruptura radical con esta tradición, sino más bien una adaptación gradual. Las antiguas magistraturas fueron cediendo sus funciones a la naciente Administración, pero las técnicas y conceptos propios del ámbito judicial se trasladaron al nuevo orden administrativo.
Un factor clave en este proceso fue el reconocimiento del “derecho subjetivo al trámite”, es decir, la consideración de las reglas de procedimiento como auténticas normas jurídicas exigibles por los ciudadanos ante los tribunales. A diferencia de lo que ocurría en otros países, donde las normas procedimentales se entendían como meras directrices internas de la Administración, en España se configuraron como derechos individuales correlativos a las obligaciones formales de la Administración.
Esta peculiaridad del Derecho español se explica en parte por el arraigo del liberalismo krausista o armónico, una corriente de pensamiento que combinaba el individualismo político con el organicismo tradicionalista y el reformismo social. Los krausistas, tras el fracaso de la Revolución de 1868, se volcaron en la tarea de introducir garantías dentro del sistema, y vieron en el procedimiento administrativo un instrumento idóneo para ello.
La Codificación del Procedimiento Administrativo: La Ley Azcárate de 1889
El desarrollo del procedimiento administrativo en España no se limitó a la jurisprudencia. A lo largo del siglo XIX se fueron aprobando diversas leyes que regulaban procedimientos específicos en ámbitos como la expropiación forzosa, la contratación pública, la selección de funcionarios o la gestión tributaria. Estas regulaciones, inspiradas en gran medida en el modelo judicial, sentaron las bases para una codificación general del procedimiento administrativo.

En 1889, el insigne jurista Gumersindo de Azcárate, inspirado por las ideas krausistas, presentó una proposición de ley que culminó con la aprobación de la Ley de bases del procedimiento administrativo, la primera codificación general del procedimiento administrativo en el entorno. Esta ley, aunque breve y con una amplia remisión al desarrollo reglamentario, establecía una serie de principios y garantías que siguen vigentes en la actualidad.
Entre los aspectos más destacados de la Ley Azcárate se encuentran:

- El derecho de los ciudadanos a acceder a los expedientes administrativos y a conocer el estado de su tramitación.
- La obligación de la Administración de dictar resolución expresa en todos los procedimientos.
- La regulación del silencio administrativo, con efectos estimatorios o desestimatorios según los casos.
- La posibilidad de interponer recursos administrativos contra las resoluciones de la Administración.
La Ley Azcárate supuso un hito en la historia del Derecho administrativo español, al reconocer el procedimiento administrativo como una institución autónoma y esencial para el buen funcionamiento del Estado. No se trataba de una mera formalidad burocrática, sino de un instrumento para garantizar la legalidad, la imparcialidad y la eficacia de la Administración Pública.

El Procedimiento Administrativo en la Actualidad: Entre la Tradición y la Innovación
La Ley Azcárate de 1889 sentó las bases del procedimiento administrativo en España, pero el ordenamiento jurídico ha experimentado desde entonces importantes cambios. La Constitución de 1978, al consagrar el Estado de Derecho y los derechos fundamentales, ha impulsado una nueva concepción del procedimiento administrativo, más centrada en la protección de los ciudadanos.

La Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, recoge esta nueva visión y actualiza el marco normativo a las necesidades del siglo XXI. Entre las novedades más importantes de esta ley destacan:
- La regulación de la administración electrónica, con el objetivo de facilitar la relación de los ciudadanos con la Administración a través de medios telemáticos.
- El refuerzo de los principios de transparencia y participación ciudadana, con la obligación de la Administración de publicar información sobre su actividad y de dar audiencia a los interesados en los procedimientos.
- La simplificación de los trámites administrativos y la reducción de los plazos de resolución, con el objetivo de mejorar la eficiencia de la Administración Pública.
El procedimiento administrativo en España ha recorrido un largo camino desde sus orígenes en el Antiguo Régimen hasta la actualidad. La búsqueda de un equilibrio entre la eficiencia del Estado y la protección de los derechos ciudadanos ha sido una constante en esta evolución. La actual Ley de Procedimiento Administrativo Común, heredera de la tradición codificadora iniciada por Azcárate, se enfrenta al reto de adaptar el procedimiento administrativo a las nuevas tecnologías y a las demandas de una sociedad cada vez más compleja.
El Futuro del Procedimiento Administrativo: Hacia una Administración Más Ágil y Transparente
El procedimiento administrativo no es un ente estático, sino que está en constante evolución. Los avances tecnológicos, los cambios sociales y las nuevas exigencias de la ciudadanía obligan a repensar el modelo de procedimiento administrativo para hacerlo más ágil, transparente y participativo.
Entre los desafíos que enfrenta el procedimiento administrativo en el futuro se encuentran:
- La plena implantación de la administración electrónica, con la generalización del uso de la firma electrónica y la creación de un espacio digital único para la relación de los ciudadanos con la Administración.
- El desarrollo de herramientas de inteligencia artificial para la automatización de trámites y la toma de decisiones, con el objetivo de mejorar la eficiencia y reducir la burocracia.
- El fomento de la participación ciudadana en la elaboración de normas y en la toma de decisiones que les afectan, a través de mecanismos de consulta pública y de colaboración.
El procedimiento administrativo del futuro debe ser un instrumento al servicio de la ciudadanía, que facilite el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones. La Administración Pública debe ser un agente activo en la construcción de una sociedad más justa, eficiente y democrática, y el procedimiento administrativo es una pieza clave en este proceso.
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